Hambre de pan,
hambre de rosas

Eugen Brand, Director General del Movimiento Internacional ATD Cuarto Mundo, en cuanto a la actual crisis mundial de alimentos, el hambre y la extrema pobreza
¿Lo que está pasando hoy es diferente? Después de siglos de forzar a las pequeñas sociedades agrícolas a hacer parte de los ciclos internacionales de importación y exportación, ahora los cultivos alimentarios se han convertido en un juego “todo vale” para los especuladores, y son usados para impulsar la dependencia con respecto al transporte en sociedades en las que el sostenibilidad local ha desaparecido. El costo de los alimentos de primera necesidad se ha incrementado significativamente en todos los continentes y ha llevado, en algunos de los países con economías más débiles, a lo que se denomina “disturbios de hambre”.
De hecho, quienes lideran los motines no son los que padecen hambre, sino gente pobre que ve en esta crisis alimentaria lo cerca que está del abismo de la pobreza extrema y del hambre. Lo han estado haciendo por miedo a padecerla. Para aquellos,quienes sus familias ya han sido empujadas hacia los límites de supervivencia diaria, es muy difícil unirse a estas marchas. Ocasionalmente, pueden tratar de participar en una manifestación por un día, pero eso significa perder oportunidades para encontrar algún trabajo esporádico, perder oportunidades de ganar lo suficiente para alimentar a sus hijos, y además implica el riesgo de represalias o multas. Los padres que ven a sus hijos consumirse en la desnutrición están comúnmente atrapados por la vergüenza, la culpa y el silencio, y nunca se atreven a acusar al mundo por la indiferencia con respecto a los derechos humanos
Mientras que las dimensiones internacionales de la actual crisis alimentaria deben ser direccionadas urgentemente, debemos también recordar que el hambre y la extrema pobreza nunca han desaparecido. Cuando el año pasado en una isla cerca a África, un niño de dos años estuvo tan desnutrido que no pudo sobrevivir a una tuberculosis, no hubo ningún motín para protestar por su muerte. Cuando una niña de cinco años murió de desnutrición en el mismo basurero que había sido el único hogar y fuente de trabajo para su familia, no hubo marchas con gritos de ¡ “nunca más”!
En cambio, lo que estas familias oyen generalmente de los líderes comunitarios son discursos enseñándoles a cambiar su situación o a aceptarla: “Debería tratar de no volver a este asentamiento, vamos a limpiar el área”. “Sólo si usted sigue las instrucciones de nuestro programa, sus hijos no van a vivir de este modo”. “¿Cómo puede pensar que puede criar a sus propios hijos? Una persona como usted realmente debería llevarlos a un orfanato”. “Usted puede pensar que no tiene mucho, pero créame, las cosas podrian ser mucho peor”. Una madre respondió preguntando, “¿Por cuánto tiempo más la gente va a tratar de explicarnos nuestra propia vida? Ellos no tienen idea de los esfuerzos que hacemos para ayudarnos unos a otros a no morir”.
Hoy en día, cuando finalmente la seguridad alimentaria está incluida como tema principal en la agenda internacional, ¿a quién vamos a pedirle soluciones? Los líderes y hacedores de políticas tienen un rol vital en la disminución del costo de vida para todos. Sin embargo, los expertos económicos confiesan que ellos no vieron venir la crisis porque los indicadores que siguen no son los que mejor reflejan la vida diaria de las personas más vulnerables.
Si realmente queremos ponerle fin al hambre, tenemos que ir más allá. En cada comunidad, algunas personas están en peores condiciones que otras, pero nunca van a ser localizadas por las estructuras tradicionales de ayuda o por programas de desarrollo, aún cuando están diseñados para ello. Sólo los que luchan para sobrevivir diariamente conocen exactamente los obstáculos que enfrentan. Sólo ellos pueden dar testimonio de los múltiples e inadvertidos actos de solidaridad entre la gente que vive en la pobreza y entre los que están aun peor. Para que el desarrollo se vuelva realmente sostenible, debe estar anclado a esos esfuerzos diarios, en vez de ignorarlos o desplazarlos.
El padre Joseph Wresinski (fundador de ATD* Cuarto Mundo) alguna vez dijo: “Los pobres son los creadores, la verdadera fuente de todos los ideales humanos, porque es a través de la injusticia que los humanos comprenden la justicia; a través del odio, el amor; a través de la tiranía, la igualdad de todos”. Aún así, no es fácil establecer un diálogo genuino con aquellos que viven en las peores situaciones de pobreza. Han sido demasiado ignorados, desdeñados y juzgados para creer en el mundo. Crear el contexto necesario de respeto mutuo y dignidad humana requiere un compromiso a largo plazo de su parte. Y aún cuando el contexto ha sido creado, el mundo carece de espacios para hablar con la gente en pobreza, y sin hablar con ellos, carece de espacios para repensar la forma en la que los recursos del mundo pueden ser compartidos, y para idear políticas que se aproximen a la pobreza desde un punto de vista comprensivo, en términos de derechos humanos: Así como la actual crisis alimentaria está relacionada con asuntos tan dispares como la preocupación por el medio ambiente y el Estado-mercado, el hambre que siempre ha existido es inseparable de la educación, del trabajo decente, de un hogar decente, y de la tendencia de la extrema pobreza de separar padres e hijos.
Aún cuando los motines por comida han venido desapareciendo de los titulares, ¿quién va a tomar el compromiso de establecer este diálogo con las mujeres, hombres y adolescentes que han sufrido de hambre mucho antes de que la crisis actual iniciara?
Hasta que en cada parte del mundo no se encuentren soluciones sostenibles a largo plazo las intervenciones humanitarias van a seguir siendo necesarias. Debemos asegurar que esas intervenciones se dirijan no sólo a las necesidades físicas generadas por el hambre, sino a necesidades más amplias del ser humano como la belleza y la oportunidad de moldear el futuro.
"Nuestras vidas no serán explotadas desde el nacimiento hasta la muerte; Los corazones padecen hambre al igual que los cuerpos, dennos pan, pero también dennos rosas!"
["Our lives shall not be sweated from birth until life closes; Hearts starve as well as bodies; give us bread, but give us roses!"]
Estas palabras de un poema de James Oppenheim en 1910 han inspirado movimientos que buscan mejores condiciones para los trabajadores. ¿En qué formas pueden los convoys humanitarios de hoy en día traer pan y rosas? ¿Por qué no acompañar la comida con envíos de libros, o con inversión en escuelas, bibliotecas y centros culturales comunitarios? Hay bienes finitos que disminuyen a medida que se van compartiendo, pero el aprendizaje se incrementa exponencialmente cuando es compartido. Cada niño que es capaz de aprender en el colegio hoy, incrementa las posibilidades de progreso de la humanidad, para que generaciones futuras no necesiten estar nunca hambrientas ni de pan, ni de rosas.
* “Todos juntos por la dignidad”. Traducción del ingles de “All Together for Dignity”
Para el boletin mensual de “Civil Society Watch” y “e-Civicus”





