En Francia, la mía es una lucha diaria

La vida y el testimonio de Louisette
En Angers, Francia, el hogar de Louisette y Guy es un refugio para su familia numerosa y también para cada vez un número más grande de amistades. Louisette crió a sus doce hijos, además de a cuatro hijos de otros padres que tenían dificultades – por lo tanto, al menos uno por año en catorce años. Desde que la familia se trasladó a Angers hace doce años, los vecinos le han ofrecido tortitas a manera de bienvenida. Es el tipo de recibimiento al que ella nunca ha estado acostumbrada hasta ahora.
“La mía es una lucha diaria”, dice Louisette. “Es a fuerza de recibir golpes diarios como uno aprende. Me paso la vida lamentándome. Me lamento cuando me viene un golpe, después me tranquilizo. En esta vida, siempre hay que luchar. Pero eso no quiere decir que uno tenga que pasar de todo. Para hacerse respetar, hace falta mostrar respeto hacia los demás.” Louisette se refiere a un tipo de respeto que la familia nunca ha experimentado. Un día, tras la denuncia de unos vecinos, apareció un médico sin avisar. Inspeccionó todos los rincones de la única habitación donde entonces se alojaba la familia. Se puso a buscar en el armario y bajo las camas. Constató la limpieza del lugar y dijo sorprendido: “¿Cómo pueden ustedes vivir aquí? ¡Voy a exigir al Ayuntamiento que les cambien de casa!” Fue gracias a dicho médico que la familia pudo alojarse en el piso de una ciudad muy desfavorecida. En otra ocasión, el comisario de policía llegó a declarar: “Tienen ustedes ocho días para abandonar su hogar”. “La gente decía que no estábamos pagando el alquiler”, explica Louisette. “Era falso. El comisario lo verificó a través del arrendador y me comentó: “Señora, tiene usted razón, pueden quedarse en su casa”. De nuevo en otra ocasión, tras una queja relacionada con molestias sonoras, se presentó la Policía. Encontraron a la hija pequeña de tres años que estaba jugando en el patio con una radio. La pequeña apagó la radio enseguida. ¿Se puede decir que la intervención policial era necesaria?
“Esta vez teníamos a todos los vecinos en contra. No sabía cómo defenderme. Me puse gravemente enferma y me tuvieron que hospitalizar. Me juré a mi misma que si salía de esa, me enfrentaría a todos mis problemas y que nunca sería como antes. Cuando nos trasladamos de nuevo a otra casa, fui muy estricta con los niños. Uno de mis hijos no lo aceptó y abandonó el hogar. No le volví a ver durante dos años, aunque sabía lo que estaba haciendo. Consiguió un trabajo. ¿Habría conseguido un trabajo si se hubiera quedado conmigo? ”.
La búsqueda de un hogar saludable es una aventura que tiene siempre en vilo a Louisette y los suyos. Las asociaciones (« Une famille, un toit », « Agir logement », ATD Cuarto Mundo) apoyan sus trámites, pero en cuanto las cosas se presentan positivas (un hogar en Beaucouzé, cerca de Angers, con buenas relaciones con los vecinos), la situación no dura más de tres años porque la casa tiene que ser destruida.
Vivir en familia en tales condiciones es un verdadero desafío. Cuando preguntamos a Louisette de dónde viene toda su energía, responde devolviéndonos la pelota: “De mis hijos” Sus hijos, a los que quiere tener siempre junto a ella. Un día le dijeron: “A usted, queremos cambiarla de domicilio, pero a sus hijos no, tenemos que ponerlos en adopción” A lo que Louisette respondió: “O me da usted un hogar para mis hijos y para mi, o nada de eso”. Y añade: “Más tarde me pidieron que eligiera: o bien aceptaba estar bajo tutela, o bien adoptaban a mis hijos. Acepté la tutela y duró veinte años. Siempre he tenido a la misma tutora y me ha ido muy bien”.
Louisette también se atreve a pedir ayuda. De esta manera, Jeannine, miembro de ATD Cuarto Mundo ayudó a la familia a manejar sus medios económicos. Juntas, ellas revisaron las cuentas del gas y la electricidad, negociaron con el propietario, etc., con el fin de reducir poco a poco las deudas.
Louisette y Guy han tomado parte en un taller europeo de ATD Cuarto Mundo en los Países Bajos. Es allí que Louisette descubrió los ordenadores. Jean-Paul, un voluntario, le acaba de proponer cursos de informática regulares en su casa. A pesar de las fuertes turbulencias diarias, Louisette transmite su energía a los que la rodean, y les proporciona consejos sobre cómo conservar la salud, enfrentarse a los gastos diarios o planificar su futuro. Sus hijos y nietos son la luz de su vida, y ella es su apoyo cotidiano.
Este artículo apareció en "Feuille de Route", la publicación mensual de ATD Cuarto Mundo en Francia. Puede subscribirse en la página Ediciones Cuarto Mundo
Traducción del francés: Blanca García-Puente©2009.





