Las voces de los que no son escuchados: indispensables para reconstruir Haití.

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Los haitianos han sido los primeros en hacer frente a la catástrofe, y en muchos lugares son aún los únicos en hacerlo. Durante estas semanas de angustia, personas y naciones del mundo entero han buscado nuevas formas de ayudar a Haití, sin alcanzar aún consenso sobre el mejor enfoque.

9 de febrero de 2010

Los haitianos han sido los primeros en hacer frente a la catástrofe, y en muchos lugares son aún los únicos en hacerlo. Durante estas semanas de angustia, personas y naciones del mundo entero han buscado nuevas formas de ayudar a Haití, sin alcanzar aún consenso sobre el mejor enfoque.

Para nosotros es evidente que ningún plan de ayuda tendrá éxito si no ha sido guiado por el pueblo haitiano, pueblo sometido desde hace siglos a las dominaciones económicas e incluso políticas que siguieron a la declaración de su independencia. Es obvio que la comunidad internacional tiene mucho que ofrecer, por ejemplo, en materia de innovación tecnológica para reconstruir la capital con una protección sísmica tan buena como la de San Francisco o Japón.

Pero para tener éxito, no basta que ella sea guiada por los líderes más dinámicos de las comunidades haitianas e internacionales. Para que esta reconstrucción beneficie a todos los ciudadanos de Haití, incluidos los más vulnerables: los que viven en la miseria desde mucho antes del 12 de enero y que aún ahora se encuentran completamente fuera del alcance de los esfuerzos de la ayuda humanitaria, es imprescindible permitir a estos mismo haitianos participar verdaderamente en esta reconstrucción.

En todos los países, generaciones de familias que viven en la miseria han sufrido consecuencias involuntarias de las ayudas bien intencionadas, en particular:

  • la alimentación importada que destruye la agricultura local en numerosas regiones de África,
  • las políticas de asistencia que destruyen la confianza en sí en Europa del oeste y en América del norte,
  • los sistemas escolares que humillan a ciertos niños y paralizan su facultad de aprender.

Aquellos que han soportado las peores de estas situaciones tienen una contribución insustituible que hacer en la creación de enfoques innovadores que puedan sacar el mejor partido de lo que cada uno aporta para hacer progresar su país.

En Haití hoy, estamos preocupados porque demasiadas voces quedan sin ser escuchadas. Bill Clinton, como enviado especial de la ONU para Haití, hizo el paralelo con la reconstrucción de uno de los barrios más destruidos de la Nueva Orleans (el Lower 9th Ward), dónde alojamientos respetuosos del medio ambiente comienzan a sustituir a los alojamientos dilapidados que deben demolerse. Pero de hecho, las familias más desfavorecidas de Nueva Orleans no tienen nada que decir en la reconstrucción. Un gran número de ellas son todavía desplazadas en la actualidad, más de cuatro años después, debido a que son incapaces de pagar los arriendos aumentados de su propio barrio de origen. Estas familias han expresado su esperanza de que las familias más desfavorecidas de Haití no sean así dejadas de lado.

Diana Skelton

Delegada General Adjunta

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Allí donde hay hombres condenados a vivir en la miseria, los derechos humanos son violados.
Unirse para hacerlos respetar es un deber sagrado.

Joseph Wresinski

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