Mensaje de Eugen Brand, delegado general del Movimiento Internacional ATD Cuarto Mundo para el 17 de octubre de 2007

Con motivo del 20º aniversario del Día mundial de rechazo a la miseria, iniciado por el Movimiento Internacional Cuarto Mundo, Eugen Brand, Delegado General, ha lanzado un reto para el futuro: "unirse para hacerlos respetar".

17 de octubre de 2007 - Día mundial del rechazo a la miseria Mensaje de Eugen Brand, delegado general del Movimiento Internacional ATD Cuarto Mundo

El 17 de octubre de 1987, aquí mismo, en el lugar donde se firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la historia de los muy pobres quedó inscrita en la historia de la humanidad. Aquel día, el padre Joseph Wresinski hizo grabar un Llamamiento sobre una placa de esta plaza. En él invitaba a todos los hombres a encontrar su humanidad común y a unirse a las víctimas de «el hambre, la ignorancia y la violencia».

Hoy damos respuesta a este Llamamiento madurado en tierra de humillación y de sufrimiento. Efectivamente, en el barro de un antiguo vertedero, a las puertas de París, Joseph Wresinski creó una alianza entre los muy pobres y los demás, en nombre de su humanidad común y de su igual dignidad.

Estaba convencido de que los unos no se liberarían de su rabia, sin que los otros se liberasen de su obcecación. Convencido de que se imponía esta alianza frente al desprecio que una sociedad puede reproducir de una generación a otra.

En este 17 de octubre de 2007, en nuestras mentes y en nuestros corazones se agolpan los nombres de hombres, mujeres, niños y jóvenes, de familias que nos han precedido, que no podían ya soportar la vergüenza, de esas miradas que les traspasaban como si fueran transparentes. El canto que nos envuelve esta tarde nos une a su esperanza. Las voces que se nos unen procedentes de 141 países, por medio de la Declaración de Solidaridad: «El rechazo a la miseria, un camino para alcanzar la paz», hacen que salga a la luz esta cadena inmensa de personas que luchan por la justicia y convocan a la fraternidad. Cadena humana en la que, vosotros los niños, vosotros los jóvenes, vais por delante.

Y puesto que se hace posible superar el miedo, mirarse a los ojos, sentarse alrededor de la misma mesa, comprender nuestras historias personales y colectivas, ha surgido un nuevo entendimiento. La paz se hace posible. La igualdad en la dignidad sustituye a la humillación, el intercambio de conocimientos expulsa a la ignorancia, el compromiso supera al fatalismo.

Pero, ¡mantengámonos alerta! La actualidad nos obliga a ello: « Los Derechos humanos son violados ». En todos nuestros países, hay personas, familias, comunidades desplazadas, obligadas al exilio, excluidas o privadas de todo en su propia patria. Los fuertes siguen decidiendo en lugar de los débiles, con el pretexto de protegerles. Las seguridades se acumulan sobre unos, al precio de una total inseguridad para otros.

Las estrategias políticas que aspiran a una reducción del número de pobres del 10, 30 o 50% conllevan el peligro de una lógica espantosa de selección y de resignación. Corren el riesgo de desviarnos del objetivo esencial que es el acceso de todos, sin excepción, a los derechos fundamentales de todos.

Atrevámonos a actuar: Atrevámonos a actuar para que la ecología, el desarrollo sostenible se imaginen junto con aquellas y aquellos que se ven obligados a organizar su vida en los lugares más degradados, obligados a arreglárselas para conseguir con cuentagotas los recursos comunes como el agua, la electricidad, la madera.

Frente a la globalización de la economía, atrevámonos a actuar con aquellas y aquellos que se ven obligados a reorganizar sus días y sus noches, permanentemente, para hacer frente a situaciones de desempleo, de trabajos precarios o de inutilidad que se les imponen.

En este mundo apasionado por la comunicación, atrevámonos a hacer sitio a aquellos y aquellas que caminan largas horas para tener noticias de otros, henchidos de esta certeza de que para salir de la miseria, es preciso comunicarse y compartir el saber.

Frente a los conflictos que cubren de sangre la tierra, atrevámonos a aprender de aquellas y aquellos que, violentados por una vida insoportable, gozan de una paz que el mundo desconoce, una paz construida a prueba del perdón.

¡Estemos convencidos! Por medio de esta nueva cooperación el pensamiento de nuestro tiempo, los detalles de la vida política, el espíritu de las instituciones y de las leyes, la vida de las confesiones religiosas, se regenerarán y transformarán profundamente.

« Unirse es un deber sagrado » ¡Dotémonos de los medios necesarios para afrontar este desafío! Creemos, en todos los espacios culturales, políticos y espirituales, lugares en donde ciudadanos que viven en la extrema pobreza y otros actores puedan practicar juntos, a lo largo del tiempo el aprendizaje y el ejercicio de esta responsabilidad de “unirse” para inventar una cultura que sea encuentro de lo mejor de cada persona, de cada pueblo y “que se convertirá en la Historia misma de la Humanidad”.

En este 17 de octubre de 2007, reafirmamos, con los artífices de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, nuestro compromiso por un mundo, «donde cada uno sea libre de pensar y de creer, liberado de la miseria y del terror». Reafirmamos, con todos los protagonistas de la Declaración de Solidaridad, nuestra responsabilidad por «un mundo enriquecido por todos los que lo forman». Reafirmamos, con las palabras de Joseph Wresinski, nuestra pasión por «un mundo donde la justicia y el amor se habrán por fin reconciliado».

19 de octubre de 2007

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Mensaje para el 17 de octubre de 2007

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Allí donde hay hombres condenados a vivir en la miseria, se violan los Derechos humanos.
Unirse para hacerlos respetar es un deber sagrado.

Joseph Wresinski