Tejer lazos para que la miseria no separe más a niños y padres

Mensaje del Delegado general con ocasión del 15 de mayo, jornada internacional de las familias
El 12 de enero último, desde los primeros minutos que siguieron al terremoto en Haití, todos los padres corrieron a la escuela, al orfanato, donde un vecino, para buscar a sus hijos, esperando encontrarlos con vida. En los orfanatos durante días y noches, la mayoría de las madres permanecieron allí, tratando de ser útiles, incapaces de alejarse de sus hijos, cuidándolos.
Como en Haití, muchas madres y muchos padres a través del mundo no se resignan y buscan mantener, cueste lo que cueste, lazos con sus hijos apartados de ellos por la miseria. ¿Cuántos padres a través del mundo han confiado su hijo a salas cunas, orfanatos, hogares, familias de acogida, para protegerlo de una vida de privaciones y de angustia? Muchos padres ya han perdido uno o varios de sus pequeños, antes que ellos hayan podido crecer, niños que ellos esperaban ver luego de terminar su escolaridad, llegar a ser una persona liberada de la miseria.
Golpeados por tantas desgracias, los padres están ante un terrible dilema: separarse de su hijo para ofrecerle un futuro confiándolo a otros, o conservarlo, debatiéndose entre el miedo y la culpabilidad: « Nosotros no tenemos nada que ofrecerle. ¿Qué dirá él de nosotros más tarde? » Todos esperan confiarlo sólo por un tiempo limitado. Pero cuando, luego de duros combates, llegan días mejores y que los padres buscan reencontrar al niño, él ya no está más ahí. « ¿Cuándo podré volverlo a ver? » « No de inmediato, cuando él tenga 18, 20 años, podrá regresar. » ¿Entre los niños adoptados, cuántos son criados manteniendo lazos profundos con su familia de origen?
Tantos y tantos padres, tan solos ya para hacer frente a la falta de todo, se sienten impotentes ante ciertas corrientes internacionales que exigen que los trámites administrativos sean alegados para acelerar los procesos de adopción. « ¡La situación es demasiado grave, salvemos a los niños! ».
Como la UNICEF lo destaca: estos lobies ignoran los desafíos a los que se enfrentan los niños alejados de sus raíces. Ellos ignoran tanto la vida real de las familias hasta decir a veces: « Con estos padres, nada podemos hacer… Tratemos al menos de salvar a los niños. » De Norte a Sur son las afirmaciones que escuchamos, incluso más allá de toda catástrofe.
En Europa, familias asfixiadas por condiciones de vida imposibles han reaccionado con fuerza: « En nuestros países también, nos quitan a nuestros hijos. ¿Por qué estarían ellos siempre mejor en otra parte que con nosotros? » Muchos de estos padres y de estas madres de familias han conocido por sí mismos esta misma forma de arrebatar a los niños cuando ellos lo eran. En seguida, ellos quisieron reforzar el valor de aquellos de Haití a fin de impedir la destrucción de sus familias.
En los Estados Unidos, padres damnificados a causa del huracán Katrina, fueron separados de sus adolescentes. Ellos también se dirigen a las familias de Haití: « ¡Tengan fe, tengan valor! ¡Sabemos que estarán en pie y reconstruirán vuestro país! Queremos que los pobres sean escuchados como iguales, que se deje de pensar en su lugar… que no tengan que todavía que luchar como nosotros cuatro años después de la catástrofe.»
Comprometerse a rechazar la miseria, en Haití como en todas partes, es comprometerse, allí donde cada uno esté, a preservar y hacer reconocer la importancia crucial de los lazos entre hijos y padres.
Protegiendo de este modo lazos familiares que existen o quieren existir, sea lo que sea su forma, contribuimos a reparar un tejido social, político, cultural, espiritual que, ni las catástrofes naturales, ni la catástrofe humana de la exclusión podrán destruir jamás.
Eugen Brand Delegado general
Ver también el estudio « Cómo la extrema pobreza separa a hijos y padres » realizado por ATD Cuarto Mundo con el apoyo de las Naciones Unidas – 2004





